El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha anunciado un cambio en el modelo de financiación de Televisión Española (TVE), que actualmente se basa en subvenciones estatales e ingresos por publicidad, para reducir de manera considerable los minutos dedicados a los anuncios e incluso suprimirlos definitivamente. El modelo de Sarkozy de suprimir la publicidad en la televisión pública francesa en horarios de máxima audiencia y eliminarla dentro de unos años ha servido de ejemplo al Ejecutivo español para tomar esta decisión, además de las presiones ejercidas por la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (UTECA), que lleva varios años denunciando las ventajas para competir que tiene la televisión estatal por tener dos fuentes de pagos.
La parrilla actual de TVE no diverge en la mayoría de su programación (excepto la 2) con las demás televisiones. Como cualquier otra, tienes informativos, programas del corazón, telebasura (como el programa de los bailecitos de famosos), partidos de fútbol, series con las que competir en el prime time con otros entes… Y éste es el principal problema: que una televisión pública, por el simple (e importante) hecho de estar financiada en parte por los impuestos de los españoles, no debe luchar por la audiencia pervirtiendo los programas de la pequeña pantalla, que para eso ya están las privadas.
Para construir una televisión pública de calidad y sin publicidad habría que dejar de contar con presentadores profesionales, que cobran una pasta, y dar paso a las nuevas generaciones, que cobren como un trabajador normal, y no se les explote en empresas privadas con largas jornadas laborales y unos contratos irrisorios de becario.
La parrilla actual de TVE no diverge en la mayoría de su programación (excepto la 2) con las demás televisiones. Como cualquier otra, tienes informativos, programas del corazón, telebasura (como el programa de los bailecitos de famosos), partidos de fútbol, series con las que competir en el prime time con otros entes… Y éste es el principal problema: que una televisión pública, por el simple (e importante) hecho de estar financiada en parte por los impuestos de los españoles, no debe luchar por la audiencia pervirtiendo los programas de la pequeña pantalla, que para eso ya están las privadas.
Para construir una televisión pública de calidad y sin publicidad habría que dejar de contar con presentadores profesionales, que cobran una pasta, y dar paso a las nuevas generaciones, que cobren como un trabajador normal, y no se les explote en empresas privadas con largas jornadas laborales y unos contratos irrisorios de becario.

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