La reforma de la ley del aborto que ha propuesto el Gobierno socialista permitirá a todas las mujeres embarazadas que lo deseen detener su periodo fecundación hasta las 14 semanas de gestación como máximo. Además, se añade a este rediseño la posibilidad de que las adolescentes de 16 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres o incluso sin que éstos lleguen a enterarse.
Esta última parte de la remodelación ha creado bastante controversia en los grupos anti-abortistas y en los partidos políticos contrarios a la medida, ya que sentencian que si un menor tiene que poseer una autorización de sus tutores para salir de excursión o hacerse un pendiente, sería contraproducente que una adolescente abortara a escondidas de sus progenitores. Estas disconformidades se unen a su idea principal de que paralizar la fecundación es matar una vida.
Si abortar es acabar con una vida, no dejar decidir a una chica de 16 años por sí misma es como arrebatarle esa existencia que tanto defienden. El sector anti-aborto se ampara en que hoy en día hay muchos y mejores medios para prevenir los embarazos no deseados. Pero los métodos anti-conceptivos no son cien por cien fiables, con que incluso tomando precauciones la mujer se puede quedar preñada sin que por ello haya actuado de manera irresponsable.
El problema no está en la necesidad de pedir permiso o no a los padres, sino en las contradicciones en las que está inmersa la sociedad: o hay poder de decisión para todo con 16 años, hasta para votar, o no hay autonomía para nada hasta los 18.
Esta última parte de la remodelación ha creado bastante controversia en los grupos anti-abortistas y en los partidos políticos contrarios a la medida, ya que sentencian que si un menor tiene que poseer una autorización de sus tutores para salir de excursión o hacerse un pendiente, sería contraproducente que una adolescente abortara a escondidas de sus progenitores. Estas disconformidades se unen a su idea principal de que paralizar la fecundación es matar una vida.
Si abortar es acabar con una vida, no dejar decidir a una chica de 16 años por sí misma es como arrebatarle esa existencia que tanto defienden. El sector anti-aborto se ampara en que hoy en día hay muchos y mejores medios para prevenir los embarazos no deseados. Pero los métodos anti-conceptivos no son cien por cien fiables, con que incluso tomando precauciones la mujer se puede quedar preñada sin que por ello haya actuado de manera irresponsable.
El problema no está en la necesidad de pedir permiso o no a los padres, sino en las contradicciones en las que está inmersa la sociedad: o hay poder de decisión para todo con 16 años, hasta para votar, o no hay autonomía para nada hasta los 18.

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