jueves, 5 de marzo de 2009

La unión hace… ¿la fuerza o el chantaje?

El pasado domingo se celebraron en el País Vasco unas elecciones que pasarán a la historia por ser las primeras en democracia en las que la mayoría parlamentaria no es nacionalista. Los 24 escaños del PSE (que pueden ser 25 si el voto por correo altera el resultado en Álava) más los 13 del PP y el conseguido por Rosa Díez amenazan con dar un giro al gobierno vasco y virar hacía el ansiado cambio, que tiene como fin incontestable alejar del poder las políticas independentistas.
Una vez escuchada la voz del pueblo, toca buscar inquilino al palacio de Ajuria Enea. Y por primera vez en 30 años, el Lehendakari puede ser un socialista. Patxi López tiene en su poder la potestad de los ciudadanos para liderar ese cambio del que tanto ha hablado durante toda la campaña electoral. Bueno, quizás ese poder resulta un tanto relativo ya que, a pesar de ser sus peores resultados en unas elecciones vascas, el PP tiene en su mano la última palabra sobre el futuro de la Lehendakaritza. Si llega a un acuerdo con el PSE para gobernar, se abre la puerta a una administración fuerte que pueda luchar contra la crisis económica y traer aires renovados para afrontar con otro espíritu el problema vasco.
Pero este posible acuerdo también se puede ver desde otra perspectiva, ya que el PP puede utilizar en Madrid este rol de salvador del PSE para poner en más aprietos si cabe al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, e incluso aprovechar las malas relaciones del PSOE con los bloques nacionalistas para tratar en un futuro de pactar con ellos y llegar hasta La Moncloa.
Chantaje o no, ya es hora de que los dos partidos políticos más representativos del Estado aparquen sus diferencias y hagan verdaderos pactos que favorezcan a los ciudadanos, y en este caso más concreto, que luchen por el bien de los vascos y no por la victoria de la derecha, la izquierda o los nacionalistas.

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