La retórica, la creación de textos, la elaboración de discursos, “el arte de convencer al espíritu con razonamientos” según Platón… Estas deberían ser las claves principales que todo joven periodista (o en proceso de llegar a serlo) a la hora de afrontar esta profesión tan rota y manida, que se forjó con la lucha de los más grandes maestros de la comunicación y destrozada por la generación actual. "Periodistas” del corazón, que todo lo dan por hecho, magnates de la información, que montan y desmontan a su antojo, medios que “desinforman” interesadamente…Los jóvenes que se interesan, con vocación o sin ella, por esta profesión deben remontarse a la antigua retórica clásica para conocer la base de esta carrera. El gran Virgilio, autor de Las Bucólicas, Las Geórgicas, y su obra maestra, La Eneida, con la que me maravilló en mis años de Latín, ya persuadía a todos los romanos con sus discursos utilizando tanto la oratoria como la palabra escrita. Pero esa persuasión, en la actualidad, es muchos menos elaborada; por eso, los jóvenes amantes de la palabra deberían forjarse según las antiguas prácticas del discurso: invención, disposición y elocución, las tres olvidadas en nuestra era. Las argumentaciones veraces son las únicas que se deben tener en cuenta en la elaboración de todo texto, y no los razonamientos en los que se basan los medios de hoy, que en su particular guerra se descalifican continuamente aprovechando cualquier rumor para hundir a la competencia. El ejemplo más cercano está en el ya famoso vídeo de Wyoming y si nos alejamos un poco en el tiempo, a la también conocida etapa de la supuesta conspiración del 11-M, recordamos que las páginas editoriales de los principales diarios de España eran constantes ataques para desacreditar al contrario con burdos inventos… Lo que olvidaban es que estaban obviando el tema principal, que eran los 192 muertos en el mayor ataque terrorista en nuestro país. Discusión sí, pero con argumentos por favor.
David S. Moyano

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